Monedas sociales en Andalucía: economías de transición

En este artículo nos acercaremos al mundo de las monedas sociales y a su emergencia en la Comunidad Autónoma Andaluza. Un movimiento floreciente en plena crisis económica, donde cada vez más personas, comercios, profesionales y asociaciones se autoorganizan para crear sus propias monedas. Pero, ¿por qué?, ¿qué funciones cumple distintas a las de una moneda oficial?

Sin duda, el diseño del dinero no es neutro. Mientras las divisas oficiales han sido diseñadas por los poderes financieros para la acumulación del capital y el crecimiento económico perpetuo, las monedas sociales son creadas por la gente como moneda de cambio para satisfacer las necesidades de las personas, de las comunidades locales y sus territorios.

Pero antes de adentrarnos en este fenómeno, con el fin de comprenderlo mejor, consideramos necesario abordar la naturaleza del dinero y el papel que juega dentro de nuestras sociedades modernas.

1. Un dinero basado en la confianza

Podríamos decir que el dinero surge a partir del acuerdo o aceptación dentro de una comunidad o sociedad para usar algo como medio de intercambio1 y convertirse en una herramienta para el pago de bienes, servicios o cualquier tipo de obligaciones (deudas, impuestos, sanciones…).

Sus dos funciones básicas son servir como medio de intercambio y ser una unidad contable. Pero, el dinero que manejamos en la actualidad tiene una tercera característica: la de conservación del valor. Una función que aparece, sobre todo, en aquellos diseños que apuestan por la acumulación del capital.

Por otro lado, hemos visto cómo a lo largo de la historia las civilizaciones han adoptado diferentes bienes materiales con valor intrínseco para que cumplieran la función del dinero:2 desde sal, ganado, grano, etc. (dinero mercancía) o la acuñación de monedas de oro, plata u otros materiales nobles (dinero metálico). Sin embargo, en la actualidad, el dinero ha pasado a convertirse en un elemento fiduciario. Un dinero basado en la fe o confianza, sin respaldo por metales preciosos ni nada que no sea una promesa de pago por parte de la entidad emisora.

2. El dinero-deuda

En los sistemas económicos actuales, el dinero es creado por dos procedimientos:3

  • Dinero legal, es el creado por el Banco Central mediante la acuñación de monedas e impresión de billetes, es el dinero en efectivo.

  • Dinero bancario, es el creado por los bancos privados mediante la anotación en cuenta de los créditos como depósitos de las y los clientes prestatarios, con un respaldo parcial indicado por el coeficiente de caja.

En la UE este coeficiente es inferior al 2%, lo que supone que un banco solo precisa dejar en depósito 200 euros de cada 10.000 € depositados por las y los clientes para dar créditos por valor de 9.800 € a otras personas. Esta multiplicación del dinero bancario es medida por el multiplicador monetario. Normalmente en la actualidad el dinero bancario se crea como dinero electrónico.

Por tanto, el dinero es deuda. El dinero «prestado» no se tiene previamente, sino que se crea gracias a la asunción de una deuda, lo que otorga un enorme poder y privilegio a los bancos privados que pueden crear dinero de la nada a través de las deudas. Pero además, en la creación de este dinero-deuda hay una nueva trampa y es que el banco central emite el dinero de los créditos que se solicitan pero no el de sus intereses.

3. La deuda impagable y el crecimiento ilimitado

Entonces, ¿cómo se puede devolver todo ese dinero ligado a los intereses si no ha sido creado? No se puede. No hay dinero suficiente para pagar todas las deudas. La única manera es que las sociedades se endeuden más y los miembros compitan entre sí para conseguir pagar sus deudas.

El dinero-deuda se convierte así en el motor del crecimiento económico y éste en el pagador de las deudas.Sin embargo, lo que sin duda parece un gran éxito desde la perspectiva economicista, sólo puede verse como una gran catástrofe desde las esferas sociales, políticas, ecológicas y culturales, que se ven dominadas por la lógica del crecimiento económico ilimitado a costa de sobrepasar cualquier límite y a riesgo de perderlo todo (propiedades, bienes comunales, servicios públicos, derechos sociales…).

4. La distopía del crecimiento económico

El crecimiento de la masa monetaria durante las últimas décadas ha sido cada vez más virtual, es decir, cada vez más alejado de la economía de intercambios de bienes y servicios y además ha sido acumulado en cada vez menos manos./p>

La mayor parte del dinero es humo y se estima que nueve de cada diez unidades monetarias de las que circulan en los mercados financieros no tiene relación con los bienes y mercancías que circulan por los mercados reales.4

Como bien explica Pedro Prieto,5 mientras veíamos que había crecimiento del mundo físico (el PIB mundial) porque existía el requisito previo e imprescindible para ello, que era un crecimiento paralelo de la disponibilidad de energía primaria y especialmente de petróleo (la forma de energía más poderosa y versátil en nuestra sociedad moderna, de la que depende más del 98% del transporte mundial), no había problema: el mundo podía crecer más desde el punto de vista financiero que físicamente.

Todo era cuestión de aplazar en el tiempo la posibilidad de alcanzar los bienes físicos teóricamente equivalentes, unos años más adelante, con la propiedad dineraria o financiera que teóricamente se tenía hoy. Y así nos fuimos engañando una buena cantidad de años, llegando a creer que, efectivamente, el dinero podía parir dinero. Y que ese dinero, en caso de necesidad, podría «materializarse» o intercambiarse con el mundo físico, que también crecía, aunque más despacio. Era una simple cuestión de tiempo.

Ahora sabemos que el espejismo del crecimiento económico perpetuo se está haciendo añicos frente a la llegada del cénit de producción del petróleo convencional y otras materias primas. Cuanto más escasas sean, menos crecimiento económico habrá y, entonces, no existirá posibilidad alguna de que el valor monetario pueda equivaler, nunca jamás, con el valor del mundo físico.

Todo parece indicar que estamos llegando al final de un paradigma económico basado en el crecimiento perpetuo, pero nuestras sociedades siguen atrapadas en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases sociales y naturales que la hacen posible.6

Seguir empeñados en continuar con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) nos dará como resultado más probable un colapso civilizatorio durante este siglo.

El reto que tenemos como sociedad es poner en marcha una transición hacia un nuevo sistema socio-económico que integre los límites de los recursos naturales y reparta justamente los recursos. En este contexto y bajo esta visión es donde hoy florecen las múltiples iniciativas de monedas sociales.

5. Orígenes de las monedas sociales

En cuanto a los precedentes de las monedas sociales7 podemos señalar las ideas de algunos ensayos que realizaran en el siglo XIX socialistas utópicos como Robert Owen y Pierre Proudhon. No obstante, los precedentes más inmediatos de las monedas sociales lo constituyen las monedas locales de principios del siglo XX, especialmente las surgidas con la Gran Depresión y que funcionaron con tasas de oxidación inspiradas en Gesell (1948).

A pesar del éxito de muchas de estas monedas, la mayoría de experiencias duraron entre dos y cinco años, principalmente debido a su prohibición por parte de gobiernos y bancos centrales. Quizás la única excepción sea la Banca Wir en Suiza, creada en 1934, aún activa y una de las principales referencias para las monedas sociales. Para situar el origen de las monedas sociales como tal, suele señalarse la creación en 1983 del primer sistema LETS (Local Exchange Trading System) en Vancouver (Canadá). Durante los 90, este sistema se extendió por todo el mundo, aunque con menor presencia en África y Asia. En Francia es conocido como SEL (Système d’Échange Local) y en España como sistema de crédito mutuo.

A partir de las primeras experiencias del siglo XX comenzará un proceso de expansión y de innovación de monedas sociales que ha derivado en una gran diversidad de modelos en la actualidad.

6. Tipos de monedas

Distinguiremos entre dos grandes modelos de monedas sociales: las monedas comunitarias y las monedas complementarias.

Las monedas comunitarias se corresponden con los sistemas de crédito mutuo (LETS y SEL), donde la moneda es consustancial al intercambio. Suelen ser monedas inconvertibles en moneda oficial y sin respaldo material. Este sistema está basado en un trueque indirecto en red que permite a las personas usuarias intercambiar bienes y servicios dentro de una comunidad. Generalmente funciona entregando una cartilla en papel o con la apertura de una cuenta en una plataforma virtual a quienes integran la red, en la cual se van anotando los intercambios realizados. El valor de una unidad de moneda social suele equivaler al de una moneda oficial.

La creación de la moneda está totalmente descentralizada, creándose en el mismo momento en que se acuerda hacer el intercambio. Una vez fijado el precio entre las dos partes, la cantidad pasará a ser anotada en positivo al saldo de la cuenta de quien haya vendido su bien o servicio y en negativo a quien lo haya adquirido.

Las monedas complementarias8 corresponden a formas de monedas más clásicas (tipo billetes), que se ponen en circulación en el interior de un territorio específico y son susceptibles de ser utilizadas por toda persona que se encuentre dentro del mismo y quiera aceptarlas. Son monedas impersonales y suelen tener respaldo en moneda oficial.

Este sistema funciona de la siguiente manera: hay un grupo u organización central que controla la creación, circulación de la moneda y que coordina una amplia red de asociaciones, colectivos, comercios que la distribuyen y aceptan. Una persona compra moneda social en uno de los puntos de distribución con moneda oficial y puede gastarla dentro de esa red. La moneda es convertible en euros, con una penalización (ej. 5%), el margen permite avalar proyectos sociales y sostener el mantenimiento de la organización de la red.

Muchas de estas monedas apuestan por la oxidación o caducidad, es decir, la pérdida paulatina de su valor en el tiempo; para evitar la acumulación o especulación.

En la actualidad la mayoría de monedas sociales se constituyen en mayor o menor grado en modelos mixtos.

No se deben confundir las monedas sociales con las monedas de emergencia o sustitución, que suelen aparecer en contextos de crisis económicas, guerras y catástrofes naturales, y que desaparecen cuando el orden social se restablece.9

A pesar de la relación con la actual crisis económica, que ha influido en la creación de numerosas monedas en los últimos años, las monedas sociales promueven una serie de transiciones que no se agotarían con una hipotética salida de la crisis económica.

7. Monedas sociales en Andalucía

A continuación describiremos a grandes rasgos las características de las monedas sociales que existen en la actualidad en el territorio andaluz. Para ello, nos hemos basado en una breve encuesta que hemos pasado a los grupos motores de los diferentes proyectos y también a las personas usuarias de los mismos.

Por ello, la compilación de datos estadísticos que se presentan, sólo deben considerarse como una aproximación a una realidad difícilmente ponderable, tanto por su dinamismo como por la falta de registros establecidos en las distintas iniciativas.

En el momento de redacción de este artículo encontramos en Andalucía a una veintena de monedas sociales entre Almería y Huelva, siendo Sevilla y Cádiz las dos provincias con más monedas hasta el momento y Córdoba y Jaén las dos únicas provincias en las que no tenemos conocimiento de ninguna.

La amplia mayoría de estas monedas son de crédito mutuo (90%), adoptando fórmulas mixtas en mercadillos y ferias. Funcionan con cartilla y algunas además se apoyan en plataformas online.

El 70% se organiza de manera asamblearia, siendo menos habituales los grupos de coordinación, mientras que cerca de la mitad ha creado grupos de trabajo específicos desde los que llevar a cabo funciones o activida des concretas (difusión, mercados, administración, etc.).

En todos los casos son modelos horizontales y cuentan entre sus miembros a personas que trabajan mayoritariamente de forma voluntaria o activista para fomentar el desarrollo y uso de la moneda comunitaria (tablas 1 y 2), siendo marginales las monedas que cuentan entre sus miembros con alguna persona asalariada que trabaje para la red (10%).

Tabla 1. Formas de organización

Nº Respuestas %
Asamblea 7 70%
Grupo coordinador 3 30%
Grupos de trabajo 4 40%
Otro 0 0%

Fuente: Elaboración propia

En la tabla 3 quedan recogidos datos relacionados con el ámbito de circulación, miembros y valores de los intercambios realizados, así como de los proyectos anexos que se han desarrollado; destacan en este sentido la Moneda Puma de Sevilla, con su Central de Abastecimiento (abastecimiento a las personas usuarias de la red de productos de primera necesidad, 100% en moneda social) y desarrollo de proyectos de Pumafunding (microcréditos sin intereses) y Málaga Común, que también ha funcionado como moneda valor de microcréditos y tiene en desarrollo un comedor social y una tienda.

Las personas usuarias de este tipo de monedas se caracterizan por estar en edad adulta: 25-40 años es el rango más común; y tener una base ideológica que les impulsa a formar parte de estas redes, con estudios universitarios (tabla 4) y en situación de paro y empleo precario en su amplia mayoría (tabla 5).

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p lang=”zxx”>Muchos comercios y colectivos también se animan a formar parte de los diferentes proyectos, favoreciendo la relocalización de la economía.

La mayoría de las necesidades que se cubren con monedas sociales en Andalucía corresponden a alimentación, higiene, limpieza, ocio, cuidados y salud; como puede observarse en la tabla 6. Esto nos muestra la relevancia que estas monedas están llegando a tener en las economías de algunos miembros a la hora de cubrir sus necesidades básicas de sustento.

Destaca también el rol de personas prosumidoras dentro de la red, es decir, de aquéllas que producen y consumen de manera equitativa (tabla 7), frente a las que son principalmente consumidoras o productoras.

8. Economías de transición

Podemos decir que el planteamiento de partida de las monedas sociales es que habitamos un planeta finito, pero con recursos abundantes; por lo que el egoísmo y la maximización de beneficios no tienen sentido, al igual que tampoco la ilusión en un crecimiento ilimitado.

En contraste con la escasez creciente del contexto actual, las monedas sociales parten de la abundancia de los recursos que tiene la comunidad mediante el reconocimiento de todas las capacidades, habilidades y saberes de las personas que la integran. De forma que, frente al sistema monetario oficial que privilegia la función del dinero como reserva de valor y favorece su acumulación, las monedas sociales tienen otras motivaciones:10 localizar los intercambios en el interior de un territorio o comunidad, dinamizar los intercambios locales en beneficio de las personas y transformar la lógica de los intercambios alejándolos de las prácticas de mercado; privilegiando las funciones de medio de pago, cambio y unidad de medida; lo cual implica una fuerte transformación de los valores hegemónicos en nuestras sociedades.

Uno de los objetivos que suele relacionarse con toda moneda es el de construir comunidad y autonomía. Esto se consigue por la independencia de la moneda del sistema público y privado.

Además, la gran mayoría de las monedas hablan del concepto de comunidad entendida como un espacio en el que se fortalecen las bases sociales y los vínculos de confianza y proximidad. El apoyo mutuo, la cooperación y solidaridad son valores fuertemente relacionados con las monedas sociales.

De manera que, allí donde existen, se puede observar un estrechamiento de las relaciones de vecindad, el surgimiento de nuevas identidades relacionales, sentido de comunidad y sinergias entre las distintas iniciativas del territorio.

En principio, las comunidades a las que se alude cuando hablamos de monedas sociales son abiertas, flexibles e inclusivas. Compartimos con el investigador Ceballos (2013) la idea de construcción de comunidad por las monedas sociales, como el intento explícito de construir lugares para la sociabilidad y la cotidianidad desde parámetros y valores diferentes a los que nos ofrecen las sociedades modernas.

Las monedas sociales, por tanto, se oponen al modelo social dominante, especialmente al sistema de producción industrial, consumo de masas y economía globalizada. Promoviendo, en gran medida, la transformación social mediante nuevas prácticas de intercambio basadas en valores no hegemónicos y favoreciendo la satisfacción de las necesidades fuera del control del Estado y de las lógicas del mercado, tejiendo a escala local una transición socio-cultural hacia modelos de mayor democracia, sustentabilidad ecológica y justicia social.

Sin embargo, este posicionamiento puede ser más o menos radical.

Las monedas comunitarias son más propicias para transformar la lógica de los intercambios y alejarse del mercado; sin embargo, las complementarias tienen mayor capacidad para relocalizar y dinamizar los intercambios.

En las monedas comunitarias el objetivo principal suele ser establecer vínculos, por lo que las relaciones sociales son más importantes que los intercambios en sí. Suelen dar importancia a los cuidados de las personas y de la propia comunidad. Pero, el hecho de que no sean convertibles a moneda oficial hace que sean menos atractivas de cara a comerciantes y profesionales.

En cambio, las monedas complementarias integran mejor a personas productoras y comercios, pero tienen menor incidencia en la transformación de la lógica de mercado. Las relaciones que se establecen a través de estas monedas son más superficiales. Sin embargo, pueden favorecer al tejido económico más alternativo y solidario, destinar un porcentaje de moneda oficial a algún tipo de actividad o inversión, de interés colectivo, que revierta en la comunidad o distribuir una parte como ayuda social.

Referencias

1 Lietaer, Bernard (2005) El futuro del dinero. Longseller/Errepar, Buenos Aires.
2 Tsivopoulos, Stefanos. Historia Cero. Monedas Alternativas: archivo y manifiesto. Exposición temporal en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Mayo 2014.
3 Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Dinero. 03 noviembre 2014.
4 Prieto, P. Colapso energético y financiero: algo más que una crisis “NINJA”. http://www.rebelion.org/docs/86147.pdf 03 noviembre 2014.
5 Ídem al anterior.
6 Manifiesto última llamada.https://ultimallamadamanifiesto.wordpress.com/elmanifiesto/ 18 octubre 2014.
7 Ceballos, J. (2013) Las monedas sociales: del intercambio racional al intercambio razonable. Hacia la reconstrucción de la reciprocidad y la deuda. Trabajo Fin de Máster en Antropología. Facultad de Geografía e Historia. Universidad de Sevilla.
8 Ídem al anterior.
9 Ídem al anterior.
10 Ídem al anterior.

Bibliografía

  • Ceballos, J. (2013) Las monedas sociales: del intercambio racional al intercambio razonable. Hacia la reconstrucción de la reciprocidad y la deuda. Trabajo Fin de Máster en Antropología. Facultad de Geografía e Historia. Universidad de Sevilla.
  • Lietaer, Bernard (2005) El futuro del dinero. Longseller/Errepar, Buenos Aires.
  • Manifiesto última llamada. https://ultimallamadamanifiesto.wordpress.com/el-manifiesto/ 18 octubre 2014.
  • Prieto, P. (2014) Colapso energético y financiero: algo más que una crisis “NINJA”. http://www.rebelion.org/docs/86147.pdf 03 noviembre 2014.
  • Tsivopoulos, Stefanos (2014). Historia Cero. Monedas Alternativas: archivo y manifiesto. Exposición temporal en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Mayo 2014.

Autoría:

  • Marcos Rivero Cuadrado
  • Noemí González Palanco
  • Red de Moneda Social Puma

Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía.

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